
Vagaba por el espacio vacío, sin un universo propio, a velocidades vertiginosas hacia un porvenir aún sin definir. Guardaba en mi interior el germen de la vida, enterrado bajo mi piel y protegido por la atmósfera incolora de los planetas sin hogar. Dejé atrás brillantes soles incandescentes no por desdén o vanidad sino por la confianza ingenua en una tierra prometida primero y por el miedo a la desilusión de las esperanzas inconclusas después. Quizás algún día, en algún recoveco de la curvatura del espacio, encuentre el agujero de gusano que me transporte al campo de gravedad de mis deseos... y te encuentre allí quizá no con los brazos abiertos, pero si al menos con la leve confianza en un nuevo amanecer bajo un radiante sol de Mayo.
El angelus ( Jean-Françoise Millet )